sábado, 30 de enero de 2010

Esquela en vida

“Mamá, has sido la luz de mis ojos.” “Eres mi amor eterno, mi compañera perfecta.” citan algunas.

¿Por qué escribir estas palabras cuando ya no se pueda leerlas, cuando los ojos de la persona amada ya estén cerrados para siempre? Por eso, de ahora en adelante, escribiré mis esquelas en vida. No esperaré a la muerte para decirle a alguien cuánto significó para mí ni lo importante que fue en mi vida. Porque quiero estar segura de que el recipiente de mis palabras las recibió. Porque quiero que sientan mi amor cuando todavía su corazón late.

Por eso quiero recibir las mías mientras aún viva. Así quien las escriba tendrá la oportunidad de plasmar con su pluma palabras de amor en mi alma. A cambio recibirá la más tierna de mis miradas, el regocijo de mi corazón y más amor como respuesta. Mientras tanto podremos abrazarnos y mirarnos a los ojos para recordarnos más intensamente el día en que ya no haya respuesta posible.

Para esto no podemos esperar a que la muerte sea nuestro testigo. Porque la muerte solo nos separará para siempre y entonces ya no habrá más miradas. Ella traerá dolor y espanto y será demasiado tarde. El escritor de tan tiernas palabras no obtendrá amor como respuesta, solo dolor. Es entonces que realizaremos que hemos desperdiciado una vida entera con nuestro corazón en silencio.

sábado, 23 de enero de 2010

Lo confieso, tengo déficit de atención

Increíble, pero muy cierto. Está equivocado quien piense que el Déficit de Atención e Hiperactividad es una condición que afecta a los niños solamente. Y que conste, no es una suposición, tengo un diagnóstico oficial. Lo digo abiertamente pues no hay nada de qué avergonzarse, al contrario. He tenido que superar grandes obstáculos para ser lo que soy ahora, gente de provecho que lleva una vida normal. Lo puntualizo para esperanza de todas aquellas madres que crían niños con esta condición. Ahora, esto es para los que tienen la condición de verdad, porque hoy en día a cuanto nene majadero y malcriado que existe le ponen la etiqueta para justificar la mala educación que le dan los padres. Con esto resuelve la escuela y ellos. La escuela lo controla con una pastilla y los padres evaden su culpa.

Desde pequeña sabía que algo pasaba conmigo, solo que no sabía lo que era. También mi hermana sabía que pasaba algo no en balde la monja mandaba la notita con ella cuando quería buscar a mis padres. Pero algo bueno había en todo esto, como yo nunca me enteraba porque siempre andaba etérea por las nubes, era ella quien pasaba las vergüenzas. Hubo momentos que papi tuvo que ir a la escuela al menos una vez cada dos semanas casi siempre por la misma queja, no paraba de hablar ni me quedaba quieta en el pupitre. Jodí tanto cuando chiquita que les aseguro que si hubieran habido pastillas a mí también me las habrían dado.

Tengo muchísimos cuentos al respecto y desde tan temprano como Kinder. Una noche mi padre, orgullosísimo porque su retoño ya iba a la escuela, me pregunta: “Hija, ¿no tienes nada que estudiar hoy?” “Sí papi, tengo asignación.” “Pero no te he visto haciéndola.....” Encongiéndome de hombros le contesté: “No papi, porque es algo de leer......¡y como yo no sé leer!” Suspirando lo más profundo que pudo y armándose de argumentos para convencerme dice: “Claro Beatriz, para eso estás en Kinder, para aprender a leer y a escribir. Si no practicas, ¿qué vas a hacer si no aprendes ni a escribir tu nombre?” Feliz y campechana le contesté: “No te apures papi, yo me lo copio del bulto.”

En la escuela intermedia era una de las monjas quien lo mandaba a llamar (porque para completar, estudié en una escuela de monjas). Una tarde, rojo de la vergüenza aún, me llamó a capítulo: “Beatriz, una vez más Sor Gregoria me mandó a buscar.” Mirándolo a los ojos, lo más convencida que pude le dije: “Papi, ¿no te das cuenta de que está enamorada de tí?”

Toda mi carrera escolar estuvo salpicada por anécdotas parecidas y por las visitas de mis padres. Nunca tuve 4.0 puntos ni me llevé medalla alguna, pero lo logré gracias a mi espíritu de lucha, a la perseverancia de mis padres y a una que otra pela. Actualmente tomo cursos graduados en el Colegio y aún lucho por mantenerme atenta y sentada. Sigo metiéndome en los salones equivocados y a horas equivocadas como cuando estudié ahí hace más de 25 años. Pero les puedo asegurar que se puede alcanzar el éxito.

Y como habrán podido notar, todavía me cuesta mantenerme callada.

Y a tí, ¿qué te hace feliz?

Qué contestarías si viniera un joven, sonrisa en boca y Coca Cola en mano, a preguntarte qué te hace feliz. De eso trata la noticia que acabo de leer. La Coca Cola le está pagando un viaje de un año a tres jóvenes de diferentes nacionalidades para que, al paso de una ciudad al día, les pregunten a los nativos qué los hace feliz.

Pues bien, de momento todo parecía correcto hasta que a uno de los jóvenes se le ocurrió comentar, como si fuera la grandiosa idea, que estaba loco por llegar a Haití. Sí gente, llegar a Haití a preguntar qué motivos los llevan a estar feliz. ¡Por Dios! ¿A quién se le ocurre? No es suficiente con tener hambre y sed, haber perdido tu hogar, tener un par de familiares muertos, para que encima se te acerque un jovencito, todo muy coloradito él, con su ropita limpia y su refresco en mano y te pregunte cándidamente: “Dime, ¿qué te hace feliz?” Claro, para todo aquél que ha estado vagueando un año entero con los gastos pagos no se le hace difícil la idea de ser feliz, pero señor, preguntarle a las víctimas de un terremoto es otra cosa, es sencillamente una burla.

¿Hasta dónde ha llegado la insensibilidad humana? Insensibles e insensatos somos todos, desde el que hace la pregunta hasta el que publica la nota. Porque repetir semejante imbecilidad es peor aún. Señores, es una falta de respeto a todos los que pensamos de verdad y vivimos día a día preocupados por el pueblo haitiano.

Pongámoslo de esta forma. Cojamos el mismo muchachito, matémosle la madre y al pie de su féretro le preguntamos: Oye guapo y a tí, ¿qué te hace feliz?

Maripili y sus doce baños

Ayer viendo “La Comay” escuché una noticia excepcional: la mansión nueva de Maripili tiene doce baños. ¡Doce baños! O sea, doce inodoros. Cuando estaba a punto de entrar en crisis mi hermana me aclaró: “Nena, ella tiene sirvienta”. ¡Fiu! Claro, quien tiene una mansión de semejante magnitud tiene quien le ayude a limpiarlos. Lo siento pero con mi mente pobre (de dinero) y estrecha, de primera intención no lo imaginé, pero es lógico. Sin embargo, también tengo cierto grado de decepción. Ya estaba volando con mi prodigiosa mente imaginándome a Maripili con ropa vieja, sudá y espelusá, “ajosicá” lavando cada uno de sus inodoros. Esa era mi mejor venganza hacia ella por tener ese pelo y ese cuerpo asquerosamente perfectos, aunque su inteligencia es prodigiosamente imperfecta.

Aún así seguí pensando, “¿doce baños?”. ¿Para qué alguien con un núcleo familiar de tres personas quiere una casa con doce baños? En el peor de los casos si le diera diarrea a los tres a la vez todavía quedan nueve sin usar. En mi casa hay solo 2 ½ baños y por lo general todos queremos usar el mismo inodoro, así que, en mi caso sobrarían once siempre. Quizás es que invita a media parentela a quedarse en su casa en ciertas épocas lo que justificaría semejante derroche en “tronos”, pero aún así, el resto del año tiene inodoros de más. Lo siento, no hay más formas de justificarlo, por lo tanto este asunto de los cuartos de baño es pura ostentación. Claro, ¿quién sino Maripili puede ostentar con algo semejante?

En términos de ostentación, el problema es que hay mucha gente como Maripili, ostentando por cuanta cosita de más pueden tener. El asunto no es que ostenten, sino como tratan a quienes solo tenemos dinero para uno o dos inodoritos. Nos miran mal, nos tratan peor que a un perro, nos desprecian y se nos cuelan en cuanta fila hay, y eso, por más que digamos que no, a veces es intimidante. Porque esta gente camina por la vida atropellando a los demás, humillando y escupiendo prepotencia por ahí.

Sin embargo, alguien me dijo una vez: “hay un método infalible para recuperar el orgullo cuando sientas que alguien te intimida porque se siente más que tú. Sólo imagínatelo cagando (lo siento, no hay mejor forma de decirlo). Así te darás cuenta que todos somos iguales.” Gente, mi vida no es la misma desde entonces. Definitivamente, el método es infalible.

¡Ah! ¡Con razón! ¡Ahora entiendo por qué Maripili necesita tantos baños!

¿Cómo pueden? Odio los celulares

Vengo del supermercado y me eché el doble del tiempo necesario para hacer una compra. ¿Saben por qué? ¡¡Por culpa del dichoso celular!! ¡Y no dañárseme el condenao! Todo el mundo se antojó de llamarme.

A mí no me gustan los celulares. Sé que son un mal necesario, son un agente disociador, rompe grupo, distancia la familia y limita la comunicación entre la gente. Sí, la limita!! Hoy en día, traten de hablar con un adolescente por un período que se prolongue por más de 10 minutos,..... imposible. Si no te interrumpen para hablar lo hacen para textear. Por lo menos el texteo es más discreto y rápido. O traten de mantener una conversación de sobremesa en alguna cafetería en la que hayan ido a almorzar con los compañeros de oficina. Ni soñarlo.

Todos hemos sido víctimas del uso indiscriminado del celular. ¿A quién no le ha tocado ir detrás de algún tipo que va al paso de la gallina hablando tiernamente por un celular? ¿o esperar a que esta doñita dé pa' lante y pa' atrás intentando estacionarse con un celular en la oreja? ¡No saben hacerlo con la cabeza derecha imagínate con la cabeza escocotá!

Por lo mismo que no me gustan los celulares, tampoco tengo una unidad nueva. Todo el mundo me critica porque el mío es el equivalente a un Toyota del 1990 estartalao: feo y acabado pero te lleva a todas partes. Mi teléfono es genial. Hubieran visto la cara de la gente en el Mayaguez Mall cuando se me cae y se desarma en pedazos desparramado por todo el pasillo. Todos me miran con cara de tragedia recogiéndome las piezas una a una, hasta que yo, triunfalmente, las armo todas de nuevo, lo prendo ¡y sigo hablando!

Pero no todo es negativo. Estoy segura de que todos tenemos alguna anécdota jocosa con un celular, como la de mi hermana. Venía ella del correo en su carro hablando conmigo por su celular. Cuando de pronto, como una posesa me dice: “Ay, te dejo porque acabo de dejar el celular en el correo y me lo van a robar” ¿¿¿......??? Digo yo, ¿entonces por dónde me hablaba?

Pero la más genial le tocó a mi amado Carlos Colberg. Iba Abi muy campechano por el parking de Sams junto a mi mamá, mi hermana y mi sobrina Yeye mostrándoles su flamante celular nuevo.
“Mira....” le dice a mi hermana enseñándole un estuche amarrado a su correa, “le compré este estuche al celular para cargarlo a la cintura. Ahora sí que no se me pierde ni me lo roba nadie.” No bien termina la frase, comienza el celular a sonar....RING, RING, RING. Muy elegante, como solía serlo él, comienza a manipular el celular para llevárselo a la oreja, pero..., NO SALE. “Carlos, contesta ya” le dice mami. “No puedo” contesta él, “no puedo sacarlo de mi cintura.” “Haz algo” le dice ella desesperada, mientras Yeye se dobla y mirando la pantalla le grita: “Es Tití quien llama”. “Avanza Carlos, es Bei”....... “No puedo Myrna, ¡no sale!” RING, RING, RING, RING. Es entonces cuando, en un arranque desesperado, Yeye abraza a Abi por la cintura, pega la oreja al celular amarrado de la correa y dice: “HELLO, ¿Tití?, llama más tarde que Abi no te puede contestar”......¿Que no me puede contestar? ¿Por qué?....... “porque tiene el celular pegado a la cintura y no le sale. Ahora mismo vamos caminando por el parking de Sams, él con las manos arriba (como en un asalto) y yo doblá hablando por su cintura.”

¡Imagínense la estampa!

La égida de mis sueños

Hace tiempo que este asunto de la expectativa larga de vida me tiene preocupada. La gente ahora vive más, por lo tanto, la vejez se alarga. Y yo quiero una vejez divertida. Recuerdo que mi abuela solo hablaba de que cuando fuera vieja (no sé qué más vieja quería ser...) soñaba con que la cuidáramos y la añoñáramos como si fuera una muñeca. ¿Pensar en un asilo? JAMÁS!! Eso era para quienes los hijos no los quisieran. Pues bien, si la querías tenías que cuidarla. Otra cosa, el tostón nos tocaba a nosotras porque los varones no están para eso. Por lo tanto, yo estaré jodida (perdonen lo altisonante) porque no tengo hijas. Ya me veo en el futuro, muerta de hambre y oriná hasta la coronilla esperando que Andrés y Fernan tengan tiempo de venir a limpiarme...........¡ja, ni pa'l krajo! Y no los culpo por eso, según yo quiero una vejez más divertida, también quiero que ellos tengan libertad de ir y venir sin estar pendientes de llevarle la natilla fría a la vieja. Conclusión: voy de cabeza para una égida.

¿Cuál es el escándalo si esto de las égidas fue lo mejor que se han podido inventar? Piensen, no hay que limpiar, ni cocinar, ni hacer el patio. Tienes tus comidas y meriendas calientes y a su hora, otras viejas para chismear y televisión por 12 horas. Hello, ¿¿qué más quieres?? Ahora bien, mi égida tiene que ser especial, tiene que tener otras cosas adicionales. Por ejemplo, tendrá happy hour (Don Q cristal en el ensure, please), sex shop (con viagra “over the counter”), permitirá mascotas y los matrimonios podrán dormir juntos en la misma craftmatic. Tendremos “jarana” los lunes, bingo los martes y dominó los miércoles, (ambos con apuestas de dinero para matar las ganas del casino), karaoke los jueves, noche de tapas los viernes y gira los sábados por aquello de que los empleados necesitan estar solos un día para limpiar con calma y sin tanto viejo jodiendo. ¡Sí ya sé, faltan los domingos! Éstos podemos dejarlos para que los hijos nos visiten y calmen sus sentimientos de culpa haciendo Goofy Games con los nietos. ¿No suena divertido? Según la temporada tendremos clases de salsa, merengue, bachata, reaggetón y eligiremos el rey y la reina del mes.

Con todo esto en mente estaremos tan ocupados divirtiéndonos que no nos daremos cuenta de si estamos en una égida o en un crucero. Y lo mejor es que como la mayoría estaremos chochos las actividades se pueden repetir sin preocupación porque nadie se va a acordar de lo que hizo la semana anterior, jajaja! ¿No creen que es un éxito?

Un premio a lo ordinario

En los últimos tiempos en los pueblos de nuestra querida tierra la moda es repartir premios y reconocimientos a diestra y siniestra. Que si fulanito compitió en tal deporte y nos trajo una medalla, que si Perencejito, el hijo de Juanito, es un cantante de renombre en las tribus bajas del norte del Congo, que si Zutanejo salió de extra en la última película de Jacobo Morales y hay que destacarlo. Por el contrario, si eres de lo más ordinario nadie se fija en tí ni te reconoce. Teóricamente ser ordinario no vale nada, no es importante y mucho menos será motivo de agasajo.

Pues mi opinión es que hay muchas cosas ordinarias dignas de ser reconocidas, claro siempre que tomemos la palabra ordinario en el contexto de “lo común, regular y que sucede habitualmente”, o sea, lo que se hace todos los días, la costumbre. Porque hay cosas ordinarias mucho más importantes que ganarse una medallita allá, salir en otra peliculita por acá o cosas por el estilo. Porque lo ordinario, lo que se hace todos los días, es lo que a la larga realmente tiene peso, lo que repercute.

Teóricamente son de categoría ordinaria muchas madres que día a día se preocupan por darle una educación moralmente aceptable a sus hijos. También lo son aquellas personas que día a día visitan enfermos en los hospitales para acompañarlos o aquellas viejitas que prestan servicios en sus iglesias. Y qué decir de todos aquellos trabajadores que hacen sus labores con amor y devoción diaria sencillamente porque aman lo que hacen aunque sean unos sencillos zapateros, plomeros, jardineros o carpinteros. Porque hemos perdido la perspectiva de lo verdaderamente importante y para mí lo importante es lo ordinario.

Porque sin esas madres que hacen su trabajo ordinario no habrían hombres y mujeres de provecho, sin los voluntarios comunes y corrientes nuestros enfermos y desvalidos no tendrían esperanza, porque sin zapateros no tendríamos zapatos, porque gracias a un carpintero es que tenemos la esperanza de una vida eterna.

¿Qué aportan los medallistas, cantantes, cineastas y demás celebridades que no sea gloria? En mi caso la gloria a la que yo aspiro, que es la eterna, solo se consigue haciendo bien las cosas ordinarias de todos los días y no una gran hazaña una vez en la vida.

Y eso a nuestros líderes se les olvida destacarlo.